De todas las polémicas y controversias que se hayan suscitado en el seno de la Masonería , ninguna tan tenaz y empeñada como la que viene manteniéndose desde su aparición, con respecto al titulo y origen verdadero de este Rito, y muy en especial, de su pretendida antigüedad, que algunos hacen remontar hasta los primeros siglos del cristianismo dándole al gran Manes[1] por institutor. Según nuestros estudios e investigaciones, no puede probarse que semejante Rito sea Escocés, ni que su antigüedad sea tal, que le autorice en lo mas mínimo para sostener la menor pretensión, ni fundar en ella la menor prioridad o preeminencia. Un solo dato basta para que cualquiera pueda adquirir por sí solo un pleno convencimiento de lo primero, y es, que rechazado constantemente por los masones del país que se le asigna por cuna, este Rito no consiguió penetrar en Escocia hasta el año de 1846; y con respecto a lo segundo, la misma fecha de sus Constituciones, que se dan como fundamentales, nos dicen claramente que esta cacareada antigüedad data en todo caso tan solo del año 1786, o cuando más del año 1762, a poder admitir como autenticas y valederas las Grandes Constituciones llamadas de Federico II.
La adición de las palabras antiguo y aceptado, es evidente que se adoptó en Francia, parodiando[2] lo acaecido en Inglaterra en 1739. Es sabido que cuando la escisión promovida en aquel año en el seno de la Gran Logia de Londres, se dividieron sus miembros en dos grupos rivales; los separatistas, para distinguirse, se apropiaron del título distintivo de ancient and accepted massons (masones antiguos y aceptados) como queriendo indicar, que se declaraban continuadores y mantenedores de las antiguas y caducas tradiciones y ceremonias masónicas de los constructores, que acusaba a los miembros del otro partido de haber desconocido y alterado, por lo que les señaló de aquel día con el dictado de masones modernos. Igual sucedió en Francia en 1786, cuando el Gran Oriente procedió a una severa revisión de los altos grados reduciéndolos al numero de cuatro. Acusado por los mismos factores del Rito Escocés, que en aquel entonces precisamente, a ser cierto lo que sostienen, se ocupaban de elevar a treinta y tres el número de los que constituían su escala jerárquica, de haber querido desnaturalizar los misterios y antiguas ceremonias para sustituirlos por otros nuevos, señalaron los también, a su vez, con el titulo de modernos, mientras que ellos se abrogaban el de antiguos. Tal es el Génesis del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Los documentos que se reconocen y admiten como más autorizados por los masones que siguen este Rito, establecen: que la creación de los sublimes e inefables grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tuvo lugar poco después de la terminación de la primera cruzada[3], estableciéndose simultáneamente en Escocia, en Francia y en Prusia; pero por circunstancias que no son conocidas de nadie, éstos cayeron muy pronto en desuso y permanecieron olvidados durante muchos años, o sea desde 1648 hasta 1744. Pero semejante aserción no ha podido ser nunca demostrada ni apoyada por ningún documento auténtico y fehaciente que merezca el menor crédito. En lo que estamos de acuerdo, es reconocer que la introducción de la Masonería Templaria , tuvo lugar en Francia en 1727, por su mismo autor y recopilador el noble Escocés, barón de Ramsay, que en 1744 instituyo en Burdeos una Logia de Perfección, y que en Prusia fue deudora de tal beneficio al marqués de Bernez que lo verificó en 1757, y a los oficiales del ejército de brogolie.
El conjunto del sistema y de sus treinta y tres grados, según puede verse en la Recopilación de las Actas del Consejo Supremo de Francia (por Setier, París de 1832) y en otra acta del mismo Supremo Consejo de 5 de Marzo de 1813, que publicó con el título de Notice sur la Francmaconnerie ot sur I'erection du supréme Conseil de tente trois grades, así como en muchos otros documentos, descansa sobre los estatutos y Reglamentos redactados en Burdeos[4] en 1762 por los diputados delegados por el Soberano Consejo de los Emperadores de Oriente y Occidente y el de los Príncipes del Real Secreto de aquella ciudad, que había sido instituido por el primero en 1759, cuyo texto oficial se halla en la citada recopilación y en la Constitución , Estatutos y Reglamentos para el Gobierno del Supremo Consejo, atribuidos como ya hemos dicho al rey Federico II. Según se dice en estos documentos oficiales, “Carlos Eduardo Estuardo[5], último retoño de la rama de este nombre y jefe de toda la Masonería antigua y moderna, confirió al rey Federico II la suprema dignidad de Gran Maestro, designándole para su sucesor; y en tal concepto, en 1761 fue reconocido como jefe de los sublimes e inefables grados de la Masonería sobre ambos hemisferios. Este nombró al Príncipe Carlos, heredero de la corona de Suecia, Gran Comendador y Protector de los masones suecos, invistiendo con igual dignidad al duque de Chartres y al Cardenal Rohan, para los masones de Francia. Distribuidos así los poderes, en 25 de octubre del año 1782, fueron confirmadas las grandes constituciones de Burdeos”. En aquella época el Rito Escocés Antiguo y Aceptado no constaba más que de 25 grados, de los que el Príncipe del Real Secreto era el más elevado, pero en vista de las invasiones de los innovadores y de las discordias que a consecuencia de ello se promovieron en Alemania, recelando aquel monarca que la Masonería pudiera llegar a ser presa de la anarquía y víctima de aquellos que bajo el nombre de masones podían intentar anonadarla y viendo que su existencia se encaminaba al ocaso, se decidió al fin a transmitir todos los Soberanos poderes y prerrogativas de que se hallaba investido, a un Consejo de Soberanos Grandes Inspectores Generales, para que después de su muerte tomara la suprema dirección alta y sublime Masonería, con sujeción a la Constitución y Reglamentos. Con este objeto en 1786 amplió la escala jerárquica de los grados elevando el numero hasta treinta y tres, y otorgando este último el título de Poderoso y Soberano Gran Inspector General. Los altos poderes que se conferían a los hermanos condecorados con este grado, que debían ser en lo sucesivo los encargados del gobierno y dirección del Rito, fueron concentrados en un Soberano Capítulo al que dio el título de Supremo Consejo del grado 33o.
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