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HISTORIA DEL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO

Por último, en 1o. De Mayo de aquel mismo año pocos meses antes de acaecer su muerte (17 de Agosto), publicó la Constitución y Reglamentos de los Grandes Inspectores Generales, en cuyo Art. 8o. Los instituye por sus sucesores; consignando, que después de su fallecimiento, los Supremos Consejos serán los Soberanos de la Francmasonería. Pero semejante relato, a pesar de los sellos y timbres oficiales que lo adornan, no solo merece el menor crédito sino que muchos lo desmienten de la manera mas categórica y terminante, como son de ello buen ejemplo Ragón, Clavel, Findel y otros muchos.

El erudito H? Reboul, después de haber compulsado todos los autores alemanes que se ocupan de este particular, dice en su Historia de la Francmasonería , lo siguiente: “El rey Federico de Prusia fue iniciado en la Masonería el 15 de agosto de 1738 en Brunswich, siendo en aquel entonces príncipe real. En 1744 la Logia de los Tres Globos, de Berlín, fundada por artistas franceses, que habían sido llamados a Prusia, fue elevada por él a la categoría de Gran Logia, siendo aclamado Gran Maestro de la misma, cuya dignidad ejerció sólo hasta 1747, aunque la Gran Logia continuó inscribiéndole como tal en el cuadro de sus grandes dignatarios, hasta el año de 1755. Desde aquella época, ya no se volvió a ocupar de la Masonería activa para nada. En sus conversaciones con algunos de los hermanos que dirigían la Logia de los Tres Globos, y que le solían poner al corriente de cuanto en ello ocurría, continuó demostrando siempre el mayor afecto por la Institución ; pero tan luego como los nuevos sistemas introducidos por el marqués de Bernez y por los oficiales del ejército de Broglie, fueron tomando incremento e infiltrándose en las Logias alemanas declarándose enemigo de semejantes innovaciones y manifestó a su manera el mayor desdén, expresándose en términos muy duros contra los altos grados, augurando que en su día vendría a ser perenne manantial de discordia entre las logias y los distintos sistemas. Después de esto ya no se le volvió a oír hablar más de Masonería durante los últimos treinta años de su reinado”. Este es el un hecho notorio y comprobado por las mismas actas de las Grandes Logias de Berlín.

El hermano Marconay, autor de varios escritos sobre la Masonería de los altos grados, deseoso de ilustrar y de poner en claro cuanto hubiere de verdad acerca del origen prusiano del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en 33 grados, dirigiéndose a la Gran Logia de los Tres Globos en Berlín, para que sirviera darle los esclarecimientos necesarios; el 17 de agosto de 1733 recibió la contestación oficial, en la cual se encuentran, entre otros, los siguientes párrafos: “En cuanto a las opiniones entre nosotros, debemos participaros que Federico el Grande es en parte el creador del sistema que nuestra Logia adoptó, pero nunca se inmiscuyó en sus asuntos, ni se ocupó de dictar leyes a los masones, a los que siempre concedió la mayor protección en sus Estados. La Gran Logia no reconoce ni practica más que los grados azules de San Juan. Un comité particular compuesto de miembros elegidos por los hermanos, llamado Supremo Oriente Interior, dirige los trabajos de los grados superiores que no pasan en numero de 7. La Logia Escocesa de este Senado Superior presidida por un Escocés Superior, ejerce jurisdicción sobre las Logias Escocesas unidas a las de San Juan. Tal es el estado de las cosas entre nosotros; todo lo que se refiere a las prescripciones de Federico el Grande y del Senado Superior que debe existir, carece de fundamento”.

En la crítica razonada de varios autores prestigiosos, debemos buscar el camino que nos conduzca al descubrimiento del verdadero origen de este rito. Del examen de la mayoría de los que niegan un origen prusiano, templario o anterior, se reduce en conclusión, que la base fundamental del mismo estriba en el Rito de Perfección en 25 grados, creado en París en 1756 en el Capítulo de los Emperadores de Oriente. Importado este Rito a América por el Judío Esteban Morín, allí, donde por mas que algunos traten de sostener otra cosa, no se conocían mas que los tres grados de la Masonería primitiva de San Juan, fructificó de una manera tan rápida el sistema de los Soberanos Príncipes de la Masonería , fue tal el afán y la locura que se despertó en aquél fértil y privilegiado país, virgen aún de toda innovación, por la adquisición de altos, que agotado muy en breve el rico cargamento de joyas, bandas y condecoraciones de que fue provisto aquel mercader, Morín concibió la idea de ampliar la escala de los primitivos grados, elevando su numero hasta 33. Y a sí lo verificó, efectivamente, en unión de otros hermanos, con los que se puso previamente de acuerdo.

Reunidos en Charleston (Carolina del Sur), después de distribuirse los cargos y concentrar y concentrar en sus manos toda la administración, fundóse ahí en 31 de Mayo de 1801, el primer Supremo Consejo de la nueva Masonería, cuya existencia se dio a conocer por primera vez, en una circular expedida por ese alto cuerpo con fecha de 4 de diciembre de 1802, siendo muy de notar que a pesar de la supuesta antigüedad y aceptación que hace presumir su título, no se halle en la misma la menor indicación que revele su origen, ni su anterioridad, limitándose únicamente a preconizar la excelencia de sus 33 grados, cuya organización atribuye al rey de Prusia, en mayo de 1786.

Tampoco se dice nada en este documento, de cómo ni por quién había sido importado este Rito a América, ni con que corporaciones análogas se hallaba en correspondencia. El año siguiente es cuando, por primera vez se ve figurar en su Anuario el nombre de una potencia de este Rito, como corresponsal: el Supremo consejo de Santo Domingo que acababa de ser creado bajo sus auspicios por el conde de Gras Tily, uno de sus delegados.

Era el conde un militar francés agregado al servicio de las colonias, al que, a imitación de Esteban Morín, el Supremo Consejo de Charleston, después de haberlo creado el Gran Inspector General, en 1799, le confirió una patente para la creación del mencionado Supremo Consejo a su regreso a la isla.

La pérdida definitiva de aquella colonia le obligó en 1804 a volver a Francia. Tan pronto como se encontró en París, se ocupó activamente en dar a conocer los 33 grados del nuevo Rito, introduciéndolos en la Logia Escocesa de San Alejandro, que quedó convertida en centro general de sus operaciones.

 

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